El langostino continúa siendo el motor de la pesca en Río Negro, sosteniendo la economía de localidades como San Antonio Oeste y generando numerosos puestos de trabajo en la región. La temporada avanza con capturas estables, aunque con una leve baja en el rendimiento debido a factores climáticos que afectan la extracción diaria.
En este contexto, el Consejo Federal Pesquero otorgó a Río Negro un cupo social de 1.200 toneladas de langostino, destinado exclusivamente a plantas locales. El objetivo es garantizar producción, empleo y movimiento económico en la ciudad portuaria. Sin embargo, el antecedente de 2024, cuando un cupo extraordinario de 3.500 toneladas se perdió por trabas administrativas, mantiene viva la desconfianza del sector.
San Antonio Oeste funciona como el termómetro de la actividad pesquera: allí se concentran las plantas procesadoras y los trabajadores que dependen de la correcta ejecución del cupo social. La expectativa por este beneficio es alta, pero también lo es el temor a que la burocracia vuelva a frenar un impulso clave para la región.
Para muchos, la frustración de 2024 fue un golpe duro que evidenció la fragilidad del sistema y la necesidad de una gestión más ágil. La memoria de esa pérdida funciona como advertencia: sin eficiencia administrativa, los beneficios pueden evaporarse y dejar a la industria en crisis.

En paralelo, el proyecto Río Salado aparece como una estrategia para diversificar la actividad pesquera y reducir la dependencia exclusiva del langostino. Aunque todavía en etapa de gestión, su avance será determinante para consolidar un modelo pesquero más amplio y sostenible en la provincia.
El sector vive una dualidad: por un lado, la esperanza que genera el cupo social y los proyectos futuros; por otro, la incertidumbre ante decisiones externas y la burocracia que condiciona la actividad. La pesca rionegrina se encuentra en un punto de inflexión, donde el langostino sigue siendo el sostén, el cupo social despierta entusiasmo y Río Salado promete nuevas oportunidades.
El desafío central para Río Negro será convertir estos logros en políticas sostenibles, evitando que la pesca siga siendo rehén de la burocracia y consolidándola como motor de desarrollo económico para toda la provincia.
Fuente: Medios.







