El próximo salto de Vaca Muerta ya no depende de la validación geológica, sino de la capacidad de la industria para bajar costos, ganar escala y ampliar infraestructura. Ese fue el diagnóstico que compartieron Ricardo Markous, CEO de Tecpetrol, y Pablo Bizzotto, CEO de Phoenix Global Resources, durante un panel del IEFA Latam Forum.
Ambos coincidieron en que la formación no convencional argentina atravesó una transformación profunda en los últimos años: redujo incertidumbres sobre el subsuelo, incorporó tecnología, mejoró procesos y construyó una curva de aprendizaje que hoy permite pensar en una etapa de desarrollo más ambiciosa.
Sin embargo, advirtieron que la nueva fase exige una competitividad cada vez mayor frente a otros jugadores internacionales. En ese marco, Bizzotto sostuvo que en el shale la mejora de eficiencia debe ser permanente, porque la competitividad no se alcanza de una vez y para siempre.
Para ilustrar esa evolución, recordó que uno de los primeros pozos horizontales relevantes en la Argentina, el SOL-4 de Loma Campana, demandó una inversión cercana a USD 27 millones con una rama lateral de 1.500 metros. Hoy, según indicó, un pozo de ese tipo podría replicarse con un costo cercano a USD 7 millones, reflejando la fuerte mejora operativa lograda en pocos años.
Aun así, remarcó que la comparación con Estados Unidos debe hacerse con cautela, ya que cuencas como Permian operan con una escala mucho mayor y con condiciones logísticas diferentes. En ese contexto, señaló que todavía existen oportunidades importantes para seguir reduciendo costos en diseño de pozos, provisión de arena, manejo del agua e incorporación de nuevas tecnologías.
Entre los factores que podrían empujar una nueva etapa de desarrollo, ambos ejecutivos ubicaron al GNL como una pieza central. Según plantearon, la posibilidad de exportar gas natural licuado permitiría darle a Vaca Muerta una escala superior, abrir nuevos mercados y generar condiciones para seguir mejorando competitividad.
Markous compartió esa visión y repasó la evolución operativa de Tecpetrol. Señaló que en Fortín de Piedra, en 2017, la compañía perforaba pozos de 1.500 metros en unos 33 días, con ritmos de tres o cuatro fracturas diarias. En cambio, en el desarrollo petrolero de Los Toldos II, hoy perfora pozos de 3.500 metros en alrededor de 14,2 días y alcanza promedios de 10 fracturas por jornada.
Para el ejecutivo, esa aceleración muestra que Vaca Muerta ingresó en una lógica más industrial, donde el foco está puesto en optimizar tiempos, escalar procesos y reducir costos de forma continua. También destacó que el petróleo aparece hoy como el principal vector de crecimiento de corto plazo, mientras que el desarrollo del LNG será clave para absorber parte del gas y ampliar la demanda.
En ese sentido, mencionó el proyecto de Los Toldos II, donde Tecpetrol prevé inversiones por unos USD 2.500 millones y una producción que podría crecer desde los actuales 23.000 barriles diarios hasta más de 100.000 barriles por día el próximo año.
La infraestructura apareció como otro punto central del debate. Tanto Markous como Bizzotto coincidieron en que la competitividad de Vaca Muerta depende también de obras que permitan reducir costos logísticos y evacuar mayores volúmenes de producción. Acueductos, gasoductos, transporte y capacidad de evacuación fueron señalados como condiciones necesarias para sostener el crecimiento.
La conclusión del panel fue compartida: Vaca Muerta ya demostró su potencial, pero la próxima etapa dependerá menos de la calidad de la roca y más de la capacidad para convertir ese potencial en una plataforma exportadora competitiva y sostenible.







