El precio de los combustibles mantiene una tendencia alcista que se profundizó desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, principalmente por su impacto en el valor internacional del petróleo. Sin embargo, el aumento en surtidores también responde a factores previos, como la estructura impositiva que compone buena parte del valor final.
En los últimos 12 meses, tanto la nafta como el gasoil registraron subas superiores al 63%, ubicándose muy por encima de la inflación del mismo período. En ese contexto, uno de los puntos clave es la carga tributaria que afrontan los consumidores cada vez que cargan combustible.
En Neuquén, los impuestos nacionales representan el 31,2% del precio por litro. Entre ellos se destacan el IVA, el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y el Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC). En particular, estos dos últimos fueron creados con fines específicos, como el financiamiento de obras viales y subsidios al transporte público, aunque actualmente esos recursos no siempre se destinan a esos objetivos.
Esta situación generó reclamos por parte de gobernadores, entre ellos Rolando Figueroa, quienes piden que esos fondos sean coparticipados o efectivamente aplicados a infraestructura, especialmente en rutas.
A nivel provincial y municipal también hay incidencia impositiva. En Neuquén, se suma un 3% de Ingresos Brutos y, en la capital, una tasa vial del 2,7% sobre el valor neto del litro, destinada a subsidiar el transporte urbano.
En cuanto a los precios actuales, tras el último incremento, en las estaciones de YPF el litro de nafta súper se ubica en $1.720, la Infinia en $1.972, el gasoil en $2.145 y el premium en $2.428.
Pese a las subas, desde el Ministerio de Economía de la Nación anticiparon que no habrá modificaciones en el ICL ni en el IDC. La decisión responde a la intención de sostener el superávit fiscal, lo que descarta una posible baja de estos tributos como alivio para los consumidores.
De esta manera, el precio de los combustibles sigue atado tanto a la evolución del crudo a nivel internacional como a la presión impositiva local. Cuando el petróleo sube, el traslado al surtidor suele ser inevitable, aunque su impacto final depende de cómo se distribuyen los costos entre productores, refinadoras, estaciones de servicio y el Estado.
Fuente: Medios







