En el portal de ingreso a la Confluencia, en Vista Alegre Norte, avanza un proyecto urbanístico que propone un modelo distinto al loteo tradicional. Se trata de un barrio intercultural y productivo, impulsado sobre una chacra de 20 hectáreas adquirida a fines de 2022 con fondos nacionales.
La iniciativa está vinculada al espacio político de Juan Grabois y forma parte de una experiencia que ya tiene un antecedente en San Martín de los Andes. Sin embargo, el desarrollo genera debate en la región, especialmente entre productores, por su ubicación en zona rural.
El proyecto fue aprobado recientemente por excepción, ya que el predio está catalogado como área productiva. La chacra, de unas 20,3 hectáreas, se ubica sobre la Ruta 7, cerca del dique Ballester.

El desarrollo contempla unos 250 lotes de aproximadamente 400 metros cuadrados, con prioridad para familias de Vista Alegre y un cupo destinado a vecinos de Centenario y Neuquén.
Desde la organización aseguran que el objetivo es claro: “no es un loteo tradicional ni una urbanización especulativa”, sino una propuesta orientada a la vida comunitaria y el arraigo local.
Cómo se accede a los terrenos
A diferencia de otros desarrollos, el acceso a los lotes no será mediante compra directa. Las familias deberán atravesar un proceso de selección basado en puntajes, cumplir con tareas comunitarias y comprometerse a construir su vivienda.
Durante los primeros 18 meses, la propiedad no se transfiere: se evalúa el avance de cada familia y recién cuando la vivienda está habitada se formaliza la adjudicación.

Además, los terrenos no podrán venderse ni alquilarse, una medida pensada para evitar la especulación inmobiliaria.
Producción, agroecología y vida comunitaria
El diseño del barrio incluye un fuerte componente productivo. Cada manzana contará con espacios para huertas y producción agroecológica, con el objetivo de generar alimentos y espacios verdes.
También se proyectan:
- Un salón de usos múltiples
- Áreas de producción de alimentos
- Un almacén campesino
- Espacios comunitarios y educativos
Incluso se prevé la articulación con la Universidad Nacional del Comahue para desarrollar formación en agroecología.

Infraestructura y modelo sustentable
El proyecto contempla servicios básicos como agua potable, energía eléctrica y gas, además de calles enripiadas y accesos internos.
Uno de los aspectos más distintivos es el tratamiento de residuos: no habrá red cloacal tradicional, sino sistemas de biodigestores individuales. También se promueve el uso de energías alternativas como paneles solares.
Las viviendas podrán construirse con técnicas tradicionales o bioconstrucción, y habrá reglas urbanísticas específicas, como la prohibición de medianeras de cemento.

El desarrollo se enmarca en el programa nacional ARCA, hoy discontinuado tras el cambio de gobierno. Parte de los fondos ya fueron ejecutados, pero la continuidad del financiamiento es incierta, por lo que el proyecto busca apoyo a nivel provincial y municipal.
Además, enfrenta desafíos técnicos vinculados al impacto ambiental, recursos hídricos y autorizaciones de organismos como el EPEN.
Un proyecto que abre discusión
Más allá de su avance, estimado en alrededor del 27%, el barrio intercultural abre un debate más amplio sobre el uso del suelo en la región: cómo crecer, quién accede a la tierra y bajo qué modelo de desarrollo urbano.
Mientras tanto, el proyecto continúa en etapa intermedia, entre avances concretos y definiciones pendientes, en una zona estratégica de la Confluencia que hoy vuelve a estar en el centro de la discusión.
Fuente: Medios.







