El avance de Vaca Muerta y el riego intensifican la presión sobre los ríos patagónicos

El crecimiento del riego agrícola, la expansión urbana y el desarrollo de Vaca Muerta empiezan a competir sobre las mismas cuencas hídricas en Neuquén y Río Negro.

La discusión por el agua en el norte de la Patagonia dejó de ser exclusivamente técnica o productiva. El crecimiento del riego agrícola, el avance de Vaca Muerta, la expansión urbana y la necesidad de sostener sistemas ganaderos empiezan a competir sobre una misma fuente hídrica: las cuencas de los ríos Limay, Neuquén y Negro. Lo que durante décadas funcionó con cierta estabilidad hoy enfrenta un nuevo escenario

Especialistas advierten que el problema ya no pasa solamente por mejorar la eficiencia del uso del agua, sino por definir cómo se distribuye un recurso cada vez más limitado entre actividades estratégicas para la región.Uno de los fenómenos más visibles es la expansión de nuevas áreas bajo riego.

La posibilidad de transformar zonas de secano en superficies de alta productividad permite multiplicar la producción agrícola y generar mayor valor agregado. Sin embargo, ese crecimiento tiene un costo estructural: requiere grandes volúmenes de agua de manera sostenida.

Actualmente, el riego representa el principal consumo hídrico en Neuquén y las políticas públicas apuntan a seguir ampliando estos sistemas. Cada nueva hectárea irrigada implica mucho más que producción. Es una transformación territorial de largo plazo.

Los mallines: producir más sin expandirse

Otra de las estrategias que gana protagonismo es la restauración de mallines, clave para mejorar la productividad ganadera. A diferencia de los nuevos sistemas de riego, el objetivo no es ampliar la superficie productiva, sino optimizar áreas ya existentes.

Aunque ocupan una pequeña parte de los campos, los mallines cumplen un rol central en la estabilidad de los sistemas ganaderos y en la regulación hídrica. Pero también requieren agua.

Estudios realizados en distintas cuencas de la región muestran que la combinación entre nuevas áreas irrigadas y procesos de enmallinamiento puede incrementar significativamente la presión sobre el recurso hídrico.

Vaca Muerta y las ciudades suman presión sobre los ríos

A las demandas productivas se suma el crecimiento urbano impulsado por el desarrollo energético. El corredor del Alto Valle y la Confluencia concentra cada vez más población y, con ello, aumenta el consumo de agua potable y la generación de efluentes.

En paralelo, el desarrollo de Vaca Muerta incorpora una demanda industrial creciente sobre el río Neuquén. Si bien el uso de agua para fractura hidráulica representa un porcentaje menor frente al riego agrícola, se trata de una actividad en rápida expansión y altamente concentrada en determinadas zonas.

A esto se suma la generación hidroeléctrica, que regula caudales y condiciona el funcionamiento integral de las cuencas. Producción, ciudades y energía ya no funcionan por separado: compiten sobre el mismo sistema hídrico.

La cuenca, el nuevo centro del debate

Frente a este escenario, especialistas plantean que las decisiones ya no pueden tomarse de manera aislada o únicamente a escala predial. El agua conecta territorios, actividades y sistemas completos.

Lo que sucede en las cuencas altas y medias de la Patagonia impacta directamente aguas abajo, afectando riego, abastecimiento urbano, generación eléctrica y funcionamiento ambiental. Por eso, la cuenca comienza a consolidarse como la verdadera unidad de planificación.

Para Federico Boggio, director de HALKIS Consultores, uno de los principales problemas es la capacidad de gestión. Aunque existen normas y organismos regulatorios, la complejidad actual supera muchas veces la capacidad técnica para evaluar los efectos acumulativos de cada intervención.

Autorizar una obra o habilitar un nuevo uso del agua ya no implica analizar solamente un impacto puntual. También requiere entender cómo esa decisión afecta al conjunto del sistema hídrico. “La discusión ya no es solo cuánto agua se usa, sino qué territorio se construye con ese uso”, sostienen desde el sector técnico.

El debate que viene

El escenario abre una discusión de fondo sobre el futuro de la Patagonia. No se trata de elegir entre producción agrícola, ganadería, ciudades o energía.

El verdadero desafío pasa por definir cómo convivirán esas actividades dentro de una misma cuenca y bajo un recurso limitado. Algunos usos priorizan productividad. Otros sostienen población rural, regulan el sistema hídrico o abastecen ciudades en expansión. Por eso, el debate deja de ser exclusivamente hidráulico.

Empieza a ser una discusión sobre desarrollo territorial, planificación y distribución de recursos para las próximas décadas.

Fuente: Medios.

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