El próximo 26 de junio se cumplirá un año de la entrada en vigencia de una de las medidas que más impacto tuvo sobre el mercado cárnico patagónico en las últimas décadas. Ese día de 2025, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) habilitó el ingreso a la Patagonia de carne bovina con hueso proveniente de cortes con huesos planos, como el asado, poniendo fin a una restricción que se mantuvo durante 22 años.
La decisión, establecida mediante la Resolución 460/2025, modificó una estructura comercial que durante décadas condicionó la oferta y los precios de uno de los cortes más consumidos por los argentinos. A casi doce meses de su implementación, los datos muestran un escenario difícil de discutir: el asado es más barato, presenta menor volatilidad y redujo significativamente la brecha histórica con el resto del país.
Aunque la flexibilización se oficializó en junio de 2025, el mercado comenzó a reaccionar varios meses antes. Según datos relevados por el INTA, el punto de inflexión se registró en febrero del año pasado, cuando comenzaron a circular versiones sobre la inminente apertura del ingreso de carne con hueso al sur del río Colorado.
Justamente en ese mes el precio promedio del asado en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén alcanzó su valor más alto. Desde entonces inició un descenso sostenido que se profundizó tras la publicación de la resolución y que permitió una corrección significativa de los precios al consumidor.

Los registros del INTA muestran que el pico de precios se alcanzó en febrero de 2025. Luego comenzó una baja que tocó su piso en julio del mismo año.
A partir de allí se observó una recuperación moderada, aunque sin volver a los valores récord previos a la apertura del mercado.
Los últimos datos disponibles indican que durante mayo de este año el kilo de asado se comercializó en promedio a 15.990 pesos en el Alto Valle, prácticamente el mismo valor registrado en marzo y abril. La estabilidad observada refleja un mercado mucho más equilibrado que el de años anteriores.
Para los especialistas, esta situación responde a una mayor oferta de producto y a una competencia más intensa entre proveedores, factores que contribuyeron a moderar las variaciones de precios.

La tendencia se observa con mayor claridad al analizar los precios medidos en dólares.
Durante febrero de 2025, cuando el asado alcanzó su máximo histórico, el kilo llegó a ubicarse cerca de los 19 dólares. Tras la flexibilización sanitaria, el valor descendió rápidamente hasta tocar un mínimo cercano a 8,8 dólares por kilo en septiembre.
Actualmente el precio ronda los 11 dólares por kilo, una recuperación parcial que, sin embargo, continúa muy por debajo de los niveles previos a la apertura.
Este comportamiento evidencia que la baja no respondió únicamente a cuestiones inflacionarias o cambiarias, sino a un cambio estructural en las condiciones de comercialización del producto.
Un hecho inédito: el asado patagónico quedó por debajo del promedio nacional
Uno de los datos más significativos surge al comparar los valores de la Patagonia con los del resto del país. Durante años, los consumidores patagónicos pagaron el asado considerablemente más caro que los habitantes de otras regiones debido a las restricciones derivadas de la barrera sanitaria y a la limitada competencia entre proveedores.
Sin embargo, durante los últimos meses ocurrió un fenómeno inédito: el precio promedio del asado en el Alto Valle se ubicó por debajo del promedio nacional informado por el INDEC.
La inversión de esta relación histórica refleja el fuerte impacto que tuvo la apertura del mercado sobre la formación de precios.

No obstante, los analistas consideran que esta situación podría ser transitoria. Los mayores costos logísticos, laborales y operativos de la Patagonia hacen prever que, en condiciones normales, los precios regionales deberían ubicarse entre un 10% y un 15% por encima de la media nacional.
El impacto de una medida histórica
Más allá de los debates sobre cuál será el precio de equilibrio definitivo, los datos recopilados durante este primer año permiten extraer una conclusión clara: la barrera sanitaria fue uno de los principales factores que explicaban los elevados precios del asado en la Patagonia.
La apertura al ingreso de carne con hueso introdujo nuevos competidores, amplió la oferta disponible y modificó de manera significativa la dinámica comercial que permaneció prácticamente intacta durante más de dos décadas.
Si bien las realidades pueden variar entre distintas localidades de la región, especialmente en aquellas más alejadas o con fuerte influencia turística, la tendencia general es contundente.
A casi un año de la entrada en vigencia de la Resolución 460/2025, los consumidores del Alto Valle pagan menos por el asado, enfrentan menores fluctuaciones de precios y observan una relación mucho más favorable respecto de los valores nacionales.
El mercado todavía continúa acomodándose, pero todo indica que la apertura del ingreso de asado con hueso marcó un antes y un después para el bolsillo de los consumidores patagónicos.
Fuente: Medios.













