Camina casi 1.800 kilómetros para visibilizar la situación de las personas con discapacidad y llevar un reclamo a la Casa Rosada
Guillermo Pinilla partió desde El Bolsón y busca llegar a la Casa Rosada con un manifiesto para visibilizar las dificultades que enfrentan miles de familias en todo el país.
Lucía Palma
Cuando Guillermo Pinilla salió de El Bolsón el pasado 31 de mayo sabía que tenía por delante un desafío enorme. Con un carro artesanal, una carpa, algunas pertenencias y una convicción firme, inició una caminata de casi 1.800 kilómetroscon destino final en la Casa Rosada, donde espera entregar un manifiesto dirigido al presidente Javier Milei.
Lo que comenzó como una iniciativa personal para visibilizar la situación que atraviesan muchas personas con discapacidad y sus familias, se transformó rápidamente en una experiencia marcada por cientos de testimonios recogidos a lo largo del camino.
Esta semana llegó a la ciudad de Neuquén y, tras una breve pausa, retomará la marcha hacia Cipolletti para continuar por la Ruta Nacional 22 rumbo a Buenos Aires. Su objetivo es completar el recorrido antes de agosto.
Pinilla aclara que no tiene familiares directos con discapacidad y que su reclamo no responde a una experiencia personal cercana. Sin embargo, asegura que la realidad que observó en distintos lugares del país lo llevó a involucrarse.
“Esto nace de una empatía y un amor hacia la gente que está viviendo recortes de prestaciones, medicamentos, alojamientos y asistencia. No afecta solamente a las personas con discapacidad, afecta a familias enteras”, explicó.
Según sostiene, detrás de cada persona que requiere apoyo existe una red de contención que también se ve afectada cuando fallan los sistemas de asistencia.
“Más del 50% de la población tiene algún familiar con discapacidad. Entonces no estamos hablando de un problema aislado. Se involucra todo un núcleo familiar”, afirmó.
Con esa mirada elaboró un documento que planea entregar personalmente en Buenos Aires. Allí plantea la necesidad de revisar situaciones vinculadas a la cobertura de tratamientos, medicamentos y prestaciones. “Hay formas y problemas que muchas veces son desconocidos a nivel nacional. Mi intención es que se puedan tomar las medidas necesarias”, explicó.
Historias que reforzaron el sentido del viaje
A medida que avanzó por distintas localidades de la Patagonia, Pinilla fue encontrando relatos que, asegura, confirmaron la importancia de la iniciativa. En ciudades como Bariloche y Neuquén escuchó testimonios de familias que describen dificultades para acceder a tratamientos, atención médica y prestaciones.
“Me encontré con familias que me cuentan cosas muy dolorosas. Madres, hermanas, padres que hablan de situaciones muy difíciles. Hay que tener mucha frialdad para escuchar algunas historias sin que te afecten”, relató.
Uno de los encuentros que más lo impactó ocurrió durante su paso por Neuquén, donde conversó con una mujer cuya hija tiene discapacidad y que, según contó, debió recurrir al sistema público de salud ante dificultades para acceder a determinadas prestaciones.
“Era la madre la que me hablaba. Vos escuchás esas historias y entendés que esto no es una cuestión individual. Hay muchas familias atravesando situaciones parecidas”, señaló.
Una caminata sin banderas partidarias
Pinilla define la iniciativa como una “caminata federal” y remarca que no está vinculada a ningún espacio político ni religioso.”No llevo ninguna bandera política ni religiosa. No me adhiero a ninguna participación partidaria. Lo que estoy haciendo tiene que ver con las personas”, aseguró.
La repercusión de la travesía creció rápidamente en redes sociales y permitió que personas de distintas provincias siguieran su recorrido y le enviaran mensajes de apoyo.
“Me escriben de San Luis, de Comodoro, de Salta. La gente entiende la causa y se siente identificada”, comentó.
Ese acompañamiento también se traduce en ayuda concreta. Durante el viaje recibe colaboración para afrontar algunos gastos, especialmente vinculados al alojamiento y al reemplazo de equipamiento que se desgasta durante la caminata.
A pesar de las dificultades, insiste en completar el trayecto únicamente a pie. “Quiero hacer el recorrido caminando. A veces es difícil decir que no cuando alguien te quiere acercar unos kilómetros, pero la idea es llegar caminando”, sostuvo.
Viento, lluvia y zapatillas desgastadas
El recorrido tampoco estuvo exento de complicaciones. Durante las primeras semanas atravesó sectores de montaña con bajas temperaturas, nieve, lluvias y fuertes ráfagas de viento.
“Se me voló la carpa. Un viento la levantó y la vi irse como un globo. Son cosas que pasan en el camino”, recordó entre risas.
Hoy uno de los principales desafíos es el desgaste de las zapatillas, que ya muestran el impacto de cientos de kilómetros recorridos.
“Ya veo cortes por todos lados. Las voy arreglando como puedo porque todavía falta mucho”, comentó.
Sin embargo, asegura que la exigencia física no representa un problema mayor. Durante años trabajó en actividades que demandaban un importante esfuerzo corporal y que, sin saberlo, terminaron preparándolo para esta experiencia.
“Siempre entrené mucho. Trabajaba con madera, piedras, materiales de construcción. No sabía que me estaba preparando para esto, pero ahora me doy cuenta de que todo ese entrenamiento sirve”, explicó.
Del récord de tatuajes a una causa solidaria
En la Patagonia, Guillermo Pinilla también es conocido por otra faceta. Años atrás alcanzó notoriedad al protagonizar una maratón extrema de tatuajes que se extendió durante 54 horas consecutivas. “La sesión de tatuaje más larga del mundo. Fueron 54 horas tatuando sin parar”, recordó.
Sin embargo, asegura que ninguna experiencia anterior se compara con la que atraviesa actualmente. “Esto es distinto. Acá no se trata de demostrar nada sobre mí. Se trata de representar a personas que necesitan ser escuchadas”, sostuvo.
Estudió Filosofía y Letras, se vinculó durante años al arte y la escritura, pero hoy toda esa experiencia parece confluir en una meta mucho más simple: intentar generar conciencia.
Aunque reconoce que muchas personas le advirtieron que probablemente no logre cambios concretos o que no consiga una audiencia con las autoridades nacionales, su respuesta sigue siendo la misma.
“Prefiero hacer algo antes que quedarme de brazos cruzados”, aseguró. Y agregó una reflexión que resume el espíritu de la travesía: “Pensé cómo me gustaría irme el último día de mi vida. Y me respondí que haciendo algo por el prójimo”.
Mientras avanza por las rutas argentinas empujando un carro construido por amigos y acompañado por mensajes de apoyo que llegan desde distintos puntos del país, mantiene intacto el objetivo que lo impulsó a salir de El Bolsón: llegar a Buenos Aires, entregar su manifiesto y contribuir a que la realidad de las personas con discapacidad y sus familias vuelva a ocupar un lugar central en la agenda pública.