El fenómeno de El Niño podría modificar de manera significativa las condiciones climáticas en Argentina durante los próximos meses, con un aumento de las lluvias, mayor frecuencia de tormentas y riesgo de inundaciones, especialmente durante la primavera y el verano. La situación genera particular atención en el sector agropecuario por el posible impacto sobre las labores a campo y la infraestructura rural.
El meteorólogo Javier Dell’Arciprete, especialista en el monitoreo del clima en zonas productivas de la provincia de Buenos Aires, explicó que el fenómeno suele generar en la región una mayor frecuencia de precipitaciones y un incremento en el volumen de agua acumulada.

“El impacto en nuestra región se caracteriza por una mayor frecuencia de eventos de lluvia, un mayor volumen de agua caída, más tormentas de variadas intensidades”, señaló en diálogo con medios. También advirtió que algunos de estos fenómenos podrían alcanzar una intensidad suficiente para provocar daños.
Uno de los factores centrales es la evolución de las temperaturas del océano Pacífico, donde se registra un progresivo calentamiento. Según los informes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), las temperaturas del Pacífico central llegaron a ubicarse 1,8 °C por encima de los valores normales y podrían alcanzar los 2 °C, un nivel asociado a un evento de El Niño fuerte.

Cómo impactará El Niño en Argentina
De acuerdo con las proyecciones citadas por Dell’Arciprete, durante el invierno las condiciones todavía responderán a un fenómeno débil o moderado, pero la intensidad podría aumentar a partir de la primavera.
“La actualización que hizo la NOAA muestra una tendencia elevada de un Niño fuerte hacia la primavera argentina y el verano argentino”, explicó el especialista.
Según el pronóstico, desde septiembre comenzaría a incrementarse la intensidad del fenómeno, con posibilidades de alcanzar una categoría fuerte o muy fuerte y extenderse durante el verano, al menos hasta el trimestre comprendido entre enero, febrero y marzo, e incluso hasta marzo-abril.
Este escenario podría modificar el régimen habitual de precipitaciones en buena parte del país. Para el sector agropecuario, el exceso de lluvias puede generar dificultades para ingresar a los campos, retrasos en las tareas y problemas de transitabilidad en caminos rurales.

En cuanto a las temperaturas, la mayor presencia de nubosidad y sistemas de inestabilidad podría reducir la frecuencia de olas de calor extremas y prolongadas, aunque favorecería condiciones de mayor humedad y períodos de precipitaciones más frecuentes.
Las regiones que estarán bajo mayor atención
Las zonas que concentran mayor preocupación son el noreste argentino, el Litoral y el este de la región pampeana. Entre las provincias que podrían recibir mayores acumulados aparecen Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires.
En estas áreas se prevén períodos con lluvias persistentes, mayor cantidad de jornadas nubladas y episodios de precipitaciones intensas, por lo que el riesgo de anegamientos y crecidas podría aumentar.

La situación también está vinculada con el comportamiento de los principales ríos de la región. Los caudales del Iguazú, Uruguay y Paraná ya registran efectos asociados a las intensas lluvias ocurridas en el sur de Brasil, un factor que puede favorecer futuras crecidas y desbordes en sectores de la cuenca del Plata.
Para el campo, el desafío será encontrar un equilibrio entre un escenario de mayores precipitaciones, que puede favorecer la disponibilidad de agua para los cultivos, y el riesgo de excesos hídricos que compliquen la producción.
Qué es el fenómeno de El Niño
El Niño es un fenómeno climático que se origina en el océano Pacífico ecuatorial y que puede modificar los patrones de temperatura, precipitaciones y circulación atmosférica en distintas partes del mundo.
Se produce cuando la superficie del océano en una amplia zona del Pacífico central y oriental registra un calentamiento anormal. Ese cambio altera la circulación atmosférica y modifica la distribución habitual de las lluvias y los sistemas de presión.

En condiciones normales, los vientos desplazan las aguas cálidas superficiales hacia el oeste, mientras que las aguas más frías ascienden cerca de las costas de Sudamérica. Durante un episodio de El Niño, esos vientos se debilitan y permiten que las aguas cálidas avancen hacia el este.
Este desplazamiento modifica los patrones climáticos a escala global. En Argentina, uno de sus efectos más habituales durante la primavera y el verano es el aumento de las precipitaciones en el noreste y centro del país, una situación que puede beneficiar a determinadas actividades agrícolas, pero que también incrementa el riesgo de inundaciones y excesos hídricos.
Fuente: Medios





