Cuatro alojamientos extraordinarios en Argentina que convierten el hospedaje en una experiencia

Desde una cápsula suspendida frente al Fitz Roy hasta un avión convertido en hotel, Argentina ofrece alojamientos tan originales que pueden convertirse en el verdadero motivo para emprender una escapada.
Cuatro alojamientos extraordinarios en Argentina que convierten el hospedaje en una experiencia

¿Y si el alojamiento fuera, por sí solo, el motivo para emprender un viaje? En Argentina existen propuestas donde dormir deja de ser una pausa dentro de la escapada y se convierte en parte central de la aventura.

Una habitación suspendida frente a una montaña, un antiguo vagón ferroviario transformado en refugio, una construcción con forma de huevo o una suite dentro de un avión son algunas de las opciones que desafían la idea tradicional de hospedaje.

La tendencia de buscar alojamientos diferentes crece entre viajeros que ya no se conforman con elegir un destino: también quieren que el lugar donde pasan la noche sea inolvidable. Detrás de estas propuestas hay historias familiares, proyectos arquitectónicos, objetos recuperados y, en algunos casos, verdaderas hazañas de ingeniería.

A cientos de metros del suelo y frente al Fitz Roy

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En El Chaltén, quienes buscan una experiencia extrema tienen la posibilidad de pasar la noche frente a una de las imágenes más emblemáticas de la Patagonia: el Fitz Roy.

Ovo Patagonia está compuesto por cuatro cápsulas construidas en acero y policarbonato, instaladas sobre una pared de roca a cientos de metros de altura. El acceso ya anticipa que no se trata de un alojamiento convencional: para llegar es necesario atravesar una vía ferrata suspendida sobre la montaña.

Cada cápsula está organizada en tres niveles. En la parte superior se encuentra la cama matrimonial; en el sector intermedio hay un pequeño living y un baño seco, mientras que en el nivel inferior una red suspendida permite descansar literalmente sobre la montaña.

La propuesta busca que el paisaje sea parte permanente de la experiencia. Dormir allí significa despertarse frente al Fitz Roy y pasar varias horas entre la roca y el cielo, con una perspectiva difícil de encontrar en cualquier otro alojamiento.

Un viaje al pasado dentro de un vagón

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En San Antonio de Areco, el alojamiento también puede convertirse en un viaje en el tiempo.

Los Vagones de Areco nació a partir de un proyecto familiar encabezado por Arturo Figueroa, quien comenzó restaurando un antiguo vagón ferroviario y terminó convirtiendo varios de ellos en habitaciones.

Cada incorporación tuvo su propia historia: encontrar un vagón en venta, viajar hasta el lugar, negociar su compra y trasladarlo hasta el predio. Con el tiempo, esas estructuras fueron restauradas y adaptadas para recibir huéspedes.

Los vagones cuentan con baño privado, aire acondicionado y calefacción, entre otras comodidades. Algunos conservan además elementos de su pasado ferroviario. El Peña, por ejemplo, es un antiguo furgón de cola que llegó desde Corrientes, mientras que un histórico vagón comedor que durante décadas estuvo en la estación Devoto fue reconvertido en el espacio gastronómico del complejo.

La experiencia continúa fuera de las habitaciones: los visitantes reciben una picada y vino, hay meriendas y, por la noche, una cena que termina junto al fogón bajo las estrellas.

El predio también reúne objetos y reliquias ferroviarias, por lo que cada estadía funciona como una pequeña cápsula del tiempo.

Un “huevo de dragón” en el corazón de Trevelin

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En Trevelin, donde durante la primavera los campos de tulipanes convierten el paisaje en una postal, hay una construcción que parece salida de una película fantástica.

Se trata de Huevo de Dragón, una estructura metálica ubicada dentro de un predio de unas 6.000 hectáreas que fue diseñada originalmente como atelier por el arquitecto Martín De Estrada.

Su particular forma le dio el nombre y también llamó la atención del mundo de los alojamientos singulares. El proyecto fue reconocido por Airbnb como uno de los ganadores de su primer fondo destinado a propuestas de hospedaje diferentes.

En el interior hay espacio para dos personas, con cama, cocina, mesa y baño, mientras que el exterior está revestido con chapa cortada y oxidada.

La inspiración combina arquitectura y elementos de la identidad de la región. El diseño fue pensado como una representación del renacimiento y posteriormente adquirió la idea del huevo de dragón, vinculada también con la fuerte presencia de la cultura galesa en Trevelin.

Así, una noche en este particular refugio propone una experiencia donde la arquitectura y el paisaje tienen tanto protagonismo como el descanso.

Dormir dentro de un avión en Córdoba

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En Oncativo, Córdoba, el viaje puede comenzar en una antigua pista de aterrizaje y terminar dentro de un avión.

La historia comenzó cuando Oscar “Pupi” Scorza encontró en un remate un Boeing 737 que había pertenecido a Southern Winds. La compra derivó en un proyecto mucho mayor: terminó adquiriendo tres aeronaves y trasladándolas hasta Oncativo.

Uno de los aviones fue convertido en espacio para eventos y otros dos dieron origen a Air Damasco, un alojamiento que permite pasar la noche dentro de aeronaves que fueron retiradas del servicio.

La experiencia conserva elementos propios de un avión, como ventanillas, puertas de emergencia y, en algunos casos, la cabina de los pilotos, aunque el interior fue adaptado con comodidades propias de un alojamiento.

Las habitaciones cuentan con baño privado, aire acondicionado, wifi y otras prestaciones. Algunas incluso incorporan jacuzzi en el balcón.

El ingreso también forma parte de la experiencia: los huéspedes acceden a través de una manga similar a las utilizadas en los aeropuertos y llegan a una sala VIP que funciona además como pequeño museo aeronáutico.

La propuesta atrae a visitantes que llegan especialmente para descubrir cómo es dormir dentro de un avión convertido en alojamiento.

Cuando dormir también es parte del viaje

Montañas, trenes, arquitectura fantástica y aviones. Cuatro propuestas completamente diferentes, pero con algo en común: el alojamiento dejó de ser simplemente el lugar donde pasar la noche.

En algunos casos, el paisaje es el gran protagonista. En otros, lo es la historia detrás de un objeto recuperado o una construcción que desafía las formas tradicionales.

Para quienes buscan experiencias distintas, estas propuestas demuestran que a veces no hace falta cambiar de destino para vivir una aventura: alcanza con elegir dónde dormir.

Fuente: Medios.

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