Tragedia en Nepal: advierten que el colapso de un glaciar alerta sobre el avance acelerado del cambio climático

El fenómeno es el síntoma de un proceso de derretimiento acelerado que amenaza el suministro de agua, la seguridad de las comunidades y el equilibrio ambiental en todo el planeta.
Tragedia en Nepal: advierten que el colapso de un glaciar alerta sobre el avance acelerado del cambio climático

El colapso glaciar que arrasó la frontera entre Nepal y el Tíbet expuso de manera dramática el riesgo creciente en las zonas de alta montaña: varios expertos advierten que esta tragedia podría haberse producido por la incidencia del cambio climático producto del calentamiento global, que hizo colapsar el glaciar.

El nivel del agua en ríos aguas abajo, como el Trishuli, aumentó entre siete y nueve metros en apenas media hora. El Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas detalló que la avalancha de hielo y roca fue tan potente que generó una señal sísmica de magnitud 5,2, confundida en un primer momento con un terremoto.

El Servicio Geológico de Estados Unidos aclaró después que la energía sísmica provenía del mismo deslizamiento glaciar y el flujo de escombros.

La tragedia golpeó al distrito de Rasuwa, en el norte de Nepal, sobre la cuenca del río Bhotekoshi. Videos registrados en la zona mostraron agua, barro y sedimentos impactando contra edificios y carreteras, arrastrando todo a su paso. Imágenes satelitales y análisis posteriores señalaron que el colapso de hielo y roca obstruyó el río Lhende Khola, formando un lago temporal que después cedió, desatando la inundación.

La investigación posterior descartó que lluvias excesivas o tormentas extremas fueran responsables directas del desastre. Göran Ekström, geofísico de la Universidad de Columbia, destacó que los registros meteorológicos no mostraban precipitaciones inusuales antes del evento.

El glaciólogo Hamish Pritchard, del British Antarctic Survey, explicó que el calor elevado probablemente debilitó la nieve y descongeló los vínculos entre el hielo y la roca, minando la estabilidad del glaciar. El inicio de la temporada de monzón, al saturar el suelo y aumentar el caudal de los ríos, completó el escenario de riesgo.

Y remarcó que el retroceso de glaciares y el deshielo del permafrost están volviendo más frágiles las montañas: “probablemente el permafrost sobre el que descansaba el glaciar se volvió inestable al descongelarse”.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advirtió en su sexto informe de síntesis que cada incremento adicional de temperatura multiplicará e intensificará los peligros en regiones de criósfera. Inundaciones, deslizamientos y escasez de agua dulce por el retroceso glaciar y la pérdida de nieve representan una amenaza seria para las áreas montañosas del mundo.

El panorama excede a Nepal. Cualquier cordillera alta con glaciares y permafrost puede verse expuesta a procesos similares, incluidos los Alpes europeos, el Cáucaso y los Andes. En Nepal, la cuenca de Langtang perdió cuatro veces más hielo por año desde 1964 y ya sufrió otros episodios de crecidas e inundaciones en las últimas décadas.

Un fenómeno global con impacto en las altas montañas
Las señales que dejó la catástrofe en la frontera entre Nepal y el Tíbet reavivan la hipótesis de que el cambio climático amplifica la frecuencia y la gravedad de los desastres en alta montaña. Los especialistas insisten en la prudencia, pero el aumento de temperatura, el retroceso glaciar y la degradación del permafrost asoman como factores irreversibles en el deterioro de la estabilidad de laderas y glaciares.

Simon Cook, de la Universidad de Dundee, afirmó: “Al observar la repetición de estos sucesos, surge la posibilidad de que el cambio climático esté alterando las condiciones físicas que mantenían cierto equilibrio en los sistemas de alta montaña”.

Nepal ya perdió casi un tercio de su volumen de hielo en tres décadas y sus glaciares se derritieron un 65% más rápido entre 2011 y 2020, según la ONU. Los glaciares y la nieve almacenan el 70% del agua dulce del planeta e hidratan cuencas de las que dependen cientos de millones de personas en Asia, como el Ganges y el Brahmaputra.

El IPCC identificó la cuenca alta del Indo como la “torre de agua” más vulnerable del mundo, con una población que podría crecer un 50% hacia 2050 y una temperatura media anual proyectada 1,9 °C más alta entre 2000 y 2050.

El calentamiento incrementa la escorrentía por deshielo en una primera etapa, pero a expensas de una pérdida sostenida de masa glaciar. En Nepal, el área glaciar cayó 24% entre 1980 y 2010; para fin de siglo, la reducción podría llegar al 64%.

La geografía potencia el peligro: cumbres elevadas, glaciares extensos, laderas empinadas y ríos veloces forman un terreno ideal para amenazas encadenadas. Si a eso se suman lluvias intensas, el riesgo de desastres en cascada se dispara. La secuencia es conocida: se desestabiliza una ladera, colapsa la montaña, un río queda bloqueado, el agua se acumula tras la presa, la barrera cede y la inundación arrasa todo a su paso.

Cook resumió: “El calentamiento global puede acelerar el deshielo y la degradación del permafrost, reduce la estabilidad de las laderas y eleva la probabilidad de deslizamientos, flujos de escombros, colapsos glaciares y roturas de represamientos naturales”.

La capacidad de adaptación se vuelve clave. Los expertos sostienen que aludes y avalanchas no pueden evitarse, pero sí reducir su impacto con sistemas de alerta temprana, monitoreo satelital y cooperación internacional. En la reciente tragedia, la frontera política agravó la dificultad para intercambiar información y activar sistemas de emergencia. Basanta Raj Adhikari, director del Centro de Estudios sobre Desastres de la Universidad Tribhuvan, afirmó que “resulta necesario fortalecer el sistema de intercambio de información entre países”.

La destrucción de aldeas, la interrupción de caminos y la espera de noticias exponen la vulnerabilidad de regiones de difícil acceso. Greenpeace advirtió que la crisis climática, combinada con otras intervenciones humanas, agrega presión sobre sistemas frágiles y dinámicos como los ambientes de alta montaña. Esa advertencia alcanza también a la cordillera de los Andes, donde el retroceso glaciar y la inestabilidad de las laderas se multiplican con el calentamiento global.

Fuente Medios

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