Abogacía: la tormenta perfecta y la necesidad de una nueva representación

Entre el desprestigio social, la sobreoferta de profesionales, la transformación digital y un sistema judicial cuestionado, la abogacía enfrenta una “tormenta perfecta” que pone en jaque el ejercicio de la profesión.

Por: Abogado Sebastían Saez,
Egresado de la Universidad Catolica Argentina. (UCA)
Especialista en Derecho Laboral Individual y Colectivo del Trabajo.
Asesor Sindical y de Empresas.
Referente y Asambleísta Espacio Abierto de la Abogacía – Lista 66

Me detuve un tiempo a pensar el titulo de esta nota y cuanto mas pensaba en su contenido, mas confirmaba mi convicción de que estamos ante una tormenta perfecta. El ejercicio de la profesión viene atravesando su peor momento: desprestigio social, decadencia profesional, alta competitividad, eliminación de competencias, transformación digital con un impacto incierto y falta de una representación unificada que luche por los intereses del ejercicio profesional.

Siempre existieron las bromas sobre los abogados y las suspicacias sobre su integridad moral o su impacto negativo en la sociedad, pero nunca, como hasta ahora, se había generado un odio tan nítido de una parte importante de la sociedad que nos acusa de ser participes de cierres de empresas o cómplices intencionales de un sistema que no funciona.

Mas allá de que estoy convencido de que hemos quedado en el medio de una batalla política y cultural en la que fuimos blancos fáciles para lograr el apoyo social a una reforma que no aportará mucho a la finalidad que plantea, lo cierto es que hace años que la profesión viene atravesando un profundo deterioro producto de diversos factores.

La abogacía fue y sigue siendo una de las carreras más elegidas en las universidades, a pesar de que quienes conocemos el mercado laboral, sabemos que cada día hay allí menos oportunidades de progreso. La enorme cantidad de colegas que se reciben año tras año genera mayor competencia y, por lo tanto, menores honorarios y menores salarios.

Ya no nos tratan, como décadas atrás, como un profesional digno de respeto sino que se ha instalado la idea del “carancho” como la representación del ejercicio de la profesión. Nada mas triste y lejano a la realidad del ejercicio de miles y miles de colegas con quienes comparto día a día la profesión y que trabajan jornadas interminables para cubrir vencimientos que se apilan y asesorar a sus clientes.

Todo ello, sumado a un sistema judicial que, por sus vicisitudes, impide que brindemos previsibilidad y precisión a nuestros clientes: juicios que tardan años o a veces mas de una década, criterios dispares para resolución de casos idénticos y modificaciones constantes de la normativa aplicable con una imperfecta técnica legislativa que amplia el margen del criterio judicial.

Como si fuera poco, los honorarios profesionales se legislaron y cada vez mas los jueces se apartan de los criterios y regulan honorarios que no permiten vivir de la profesión. 

Mientras todo esto pasa, la abogacía continúa distraída y dividida, sin una representación que permita intervenir de manera contundente y con acciones concretas en defensa de nuestra profesión, sin importar las banderas o intereses políticos de quienes plantean ataques constantes a nuestro prestigio, competencias y honorarios profesionales.

La única salida a esta tormenta es, fue y será construir un frente de representación única, que incorpore a los colegios profesionales y federaciones sin importar los colores políticos de sus representantes y que trabaje para poner a la abogacia en el lugar que nunca debió perder: el de una profesión digna y transformadora que puede y debe aportar a una sociedad mas justa e igualitaria.

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