Aumentan los pedidos de ayuda por violencia de género en Neuquén: detectaron 25 casos con riesgo extremo de femicidio
El último informe del Observatorio Municipal revela un aumento sostenido de los pedidos de ayuda por violencia de género y advierte sobre la complejidad de los casos que llegan a los equipos territoriales.
Uno de los datos que más preocupa surge de los operativos realizados en territorio: 25 situaciones fueron clasificadas como Código A, la categoría que identifica casos de alto riesgo, donde la vida de la mujer podría estar en peligro.
Las cifras corresponden al Informe Nº16 del Observatorio Municipal de Violencia contra las Mujeres, que analiza las características de las víctimas, los tipos de violencia, el perfil de los agresores y el trabajo realizado por los equipos interdisciplinarios.
La subsecretaria de las Mujeres, Alejandra Oehrens, aseguró que el ingreso de casos graves continúa en niveles elevados.
“Cuando hablamos de altas, nos referimos a más ingresos con Código A, con riesgo de femicidio. Esto requiere redoblar la presencia de los equipos en el territorio”, afirmó.
Subsecretaria de las Mujeres, Alejandra Oehrens.
El oeste concentró la mayor cantidad de intervenciones
De las 135 intervenciones realizadas durante los primeros cinco meses del año, 105 se desarrollaron en barrios del oeste neuquino, mientras que 20 correspondieron a la zona norte y 10 al sector sur.
Los operativos alcanzaron barrios como Gran Neuquén Norte, Cuenca XV, Cuenca XVI, Villa Ceferino, Toma Norte, Valentina Norte Rural, Progreso, Almafuerte, Espartaco y Cordón Colón, entre otros.
En el norte, las acciones se concentraron principalmente en Ciudad Industrial y Colonia Nueva Esperanza, mientras que en el sur abarcaron Don Bosco II y III, La Sirena y barrios cercanos.
Según explicó Oehrens, el crecimiento poblacional y el aumento de los consumos problemáticos influyen en la complejidad de las intervenciones.
Más consultas y asistencia permanente
Durante el período analizado, la Mesa de Entradas recibió 317 consultas, con un crecimiento sostenido mes a mes: pasaron de 57 en enero a 89 en mayo.
El 63% de los pedidos de ayuda ingresó a través de WhatsApp, mientras que muchas mujeres también fueron derivadas por hospitales, centros de salud, escuelas, comisarías y organismos judiciales.
La asistencia se brinda tanto en la Casa Integral de las Mujeres Aliwenko como mediante equipos que trabajan en los barrios. Además, la Subsecretaría mantiene una guardia durante fines de semana y feriados y dispone de líneas telefónicas de atención durante todo el año.
El informe también revela que el equipo interdisciplinario registró 54 casos con Código A durante el período. Gracias al acompañamiento psicológico, legal, social y territorial, 45 mujeres lograron disminuir el nivel de riesgo, aunque nueve continuaban bajo riesgo de femicidio al finalizar mayo.
“Estamos hablando de mujeres que no pueden poner un pie en la vereda porque tienen riesgo de muerte”, describió Oehrens.
La funcionaria remarcó que la protección requiere un trabajo conjunto entre el municipio, la Justicia, el sistema de Salud, Educación y otros organismos del Estado.
Predomina la violencia psicológica
El relevamiento muestra que el 95% de las mujeres asistidas atravesó situaciones de violencia doméstica.
La violencia psicológica estuvo presente en el 96,7% de los casos, seguida por la violencia económica (73,6%) y la violencia física (69,2%). Además, cerca del 20% de las mujeres denunció haber sufrido violencia sexual.
En la mayoría de los casos, el agresor era una expareja o exmarido. También se detectó que más de la mitad de los agresores tenía acceso a armas de fuego, mientras que un porcentaje importante presentaba antecedentes penales o consumos problemáticos.
Crecen los casos entre adolescentes
Otro aspecto que genera preocupación es el aumento de consultas relacionadas con adolescentes y jóvenes de entre 16 y 23 años.
Desde la Subsecretaría señalaron que muchas familias buscan ayuda porque las jóvenes permanecen atrapadas en relaciones marcadas por amenazas, violencia, delitos, venta de drogas o presencia de armas.
El informe también revela que el 85% de las mujeres asistidas tenía hijos o hijas, y que siete de cada diez compartían hijos con el agresor, un factor que dificulta romper el vínculo violento.
A esto se suma la situación económica: una de cada tres mujeres estaba desempleada, mientras que muchas otras realizaban trabajos informales o sin ingresos estables, una condición que continúa siendo una de las principales barreras para salir de contextos de violencia.
Desde la Subsecretaría remarcaron que el acompañamiento no finaliza con una denuncia o una medida judicial, sino que continúa mientras persistan el riesgo, la vulnerabilidad económica o la posibilidad de que la mujer vuelva a quedar expuesta a su agresor.