La situación del comedor comunitario del barrio Cuenca XV, en la ciudad de Neuquén, atraviesa un momento crítico. A pesar del inicio del ciclo escolar, el espacio aún no pudo reabrir sus puertas debido a la falta de alimentos esenciales.
La referente social Natalia Brizuela aseguró que el problema no es aislado. Según explicó, ningún comedor de la provincia está funcionando actualmente por demoras en la provisión de insumos. “No es que no abrí yo, no abrió ningún comedor en Neuquén”, afirmó.
El impacto de esta situación es significativo. Durante 2025, el comedor cerró el año asistiendo a cerca de 1900 familias, incluyendo adultos mayores y personas con discapacidad. “Terminamos muy mal y arrancamos peor. No hemos tenido respiro”, describió Brizuela, al señalar un agravamiento del contexto social, con más casos de violencia, abandono y necesidades básicas insatisfechas.
Demanda en aumento y recursos desbordados
Aunque el comedor permanece cerrado, la demanda no se detiene. Cada día, unas 30 nuevas familias se acercan en busca de ayuda, a la espera de que se retome la actividad. Sin embargo, el cupo ya está colapsado.
“Cuando abramos, voy a tener una fila extra esperando si sobra algo”, advirtió la referente. Frente a esta situación, el equipo decidió priorizar la asistencia a niños y adultos mayores, dejando en segundo plano a otros sectores igualmente vulnerables.
Un contexto social cada vez más complejo
La crisis también se refleja en el territorio. Brizuela alertó sobre el aumento de personas en situación de calle, muchas de ellas viviendo en cañadones o espacios públicos y atravesadas por consumos problemáticos.
“Ya no son solo jóvenes, hay gente grande en la calle, de 30, 40, hasta 60 años”, señaló. A esto se suma la llegada de familias de otras provincias en busca de oportunidades, lo que incrementa la presión sobre los recursos disponibles. “La estamos pasando mal y cada vez somos más”, resumió.
El principal obstáculo: falta de insumos
La imposibilidad de reabrir el comedor se debe, principalmente, a la falta de alimentos, en especial carne. Sin estos insumos básicos, no pueden garantizar el funcionamiento mínimo del espacio.
“Somos nosotros los que tenemos que decirle a un chico que vaya a la escuela sin comer”, expresó Brizuela.
Mientras tanto, el comedor sostiene la asistencia como puede y apela a la solidaridad de la comunidad. Se están recibiendo donaciones de ropa, calzado, abrigo y alimentos en el Salón de Usos Múltiples (SUM) de la manzana 32 del barrio, donde funciona el espacio.
Fuente: Medios







