En el litoral marítimo de Río Negro se han registrado al menos cinco especies de tiburones: la bacota, el cazón, el gatuzo, el gatopardo y el pez gallo. Todas se encuentran en alguna categoría de amenaza según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Entre ellas, el tiburón bacota está clasificado como “vulnerable” y presenta poblaciones en descenso, principalmente por su crecimiento lento y baja fecundidad, lo que lo vuelve especialmente sensible a la presión pesquera.
En este contexto, el legislador provincial César Domínguez impulsó un proyecto para prohibir la pesca y captura de tiburones en la costa rionegrina, con el objetivo de proteger las especies presentes en el Golfo San Matías. La iniciativa busca evitar el “efecto cascada” en la cadena alimentaria y contempla inspecciones, decomisos y sanciones.

Sin embargo, la propuesta generó cuestionamientos. Desde WCS Argentina señalaron que ya existe una normativa vigente —la Ley 5706, en vigor desde diciembre de 2023— que obliga a devolver al mar a los tiburones capturados en el marco de la pesca deportiva.
Según explicó Juan Martín Cuevas, coordinador del programa en la organización, el nuevo proyecto “no aporta a la protección y dificulta su fiscalización”. Además, advirtió que podría alejar a los pescadores deportivos de las estrategias de conservación y limitar la recolección de datos clave.
Ciencia ciudadana y conservación
Desde hace años, WCS Argentina impulsa el programa “Conservar Tiburones en Argentina”, junto al Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata y el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.
La iniciativa promueve un cambio de enfoque: pasar de la pesca con sacrificio a la captura con marcado y devolución. Los pescadores colocan etiquetas en los tiburones antes de liberarlos, registrando datos como especie, tamaño, sexo y ubicación.
Más de 240 pescadores y guías ya participan del programa en distintas provincias, logrando más de 15.000 devoluciones, con unos 3.300 ejemplares marcados y 34 recapturas registradas. Esta información permite seguir el movimiento y comportamiento de las especies a lo largo del tiempo.
Ciencia bajo el agua en el Golfo San Matías
En paralelo, un equipo científico instaló cerca de 30 cámaras submarinas en el Golfo San Matías para estudiar tiburones y rayas sin interferir en su comportamiento.
El proyecto, impulsado por la Secretaría de Ambiente de Río Negro junto a la Fundación Por el Mar y el grupo Condros del CIMAS, permitió registrar especies como cazón, gatuzo, gatopardo y pez gallo en su hábitat natural.
Los investigadores destacan que estos animales cumplen un rol clave en el equilibrio marino, pero su biología —crecimiento lento y baja reproducción— los hace especialmente vulnerables.
Protección global en avance
A nivel internacional, en 2025 la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres avanzó con nuevas medidas para proteger tiburones y rayas.
Más de 70 especies quedaron bajo distintos niveles de regulación del comercio global. Algunas, como el tiburón oceánico de puntas blancas y el tiburón ballena, fueron incluidas en el máximo nivel de protección, mientras que otras —como el cazón y el gatuzo— pasaron a tener controles más estrictos.
Especialistas coinciden en que estas decisiones son clave frente a la presión de la pesca y el comercio internacional, y remarcan que la conservación de los tiburones es fundamental para sostener la salud de los océanos.
Fuente: Medios







