Llegó el 2026 y cabe hacer balances del pasado año. Al analizar el desempeño del sector de ganados y carnes durante los últimos doce meses, el resultado es contundente: el año fue ampliamente positivo para la ganadería, con el productor consolidado como uno de los grandes ganadores del ciclo.
Una combinación de factores explica este escenario excepcional para los eslabones primarios. Por un lado, condiciones climáticas que, en términos generales, favorecieron la producción a campo. Por otro, un contexto macroeconómico más estable, que comienza a generar incentivos para la planificación de largo plazo. A ello se sumó un mercado con valores históricos para la mayoría de las categorías de hacienda, lo que permitió recuperar rentabilidad en un entorno que sigue siendo exigente en materia de costos.
El análisis de los valores de la hacienda en los últimos 20 años muestra récords históricos en prácticamente todas las categorías. Medidos en dólares, los precios del ternero de 160 a 180 kilos se ubican un 86% por encima del promedio del período 2005–2024; los del novillito liviano, hasta 390 kilos, un 56% por encima; y los del novillo, un 70% superiores a ese promedio.
Además, en los últimos doce meses (medidos a noviembre) todas las categorías mostraron incrementos que superaron ampliamente a la inflación. Mientras el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró una suba interanual del 22,5%, la hacienda exhibió aumentos de entre 60% y más del 90% en el caso de los novillos.

Estos datos fueron confirmados por el último informe económico ganadero elaborado por la SAGPYA, que reflejó mejoras en todos los eslabones de la cadena productiva, desde la cría hasta la invernada y el engorde. Los márgenes brutos superaron a los del año pasado y, en segmentos como la cría y el ciclo completo, alcanzaron niveles un 54% superiores al promedio de la serie iniciada en 2011, un comportamiento poco frecuente dentro de un mismo ciclo ganadero.
El buen desempeño del negocio ganadero se da, además, en un contexto político que parece encaminarse hacia una nueva etapa de reformas estructurales, especialmente en materia impositiva y laboral. Este escenario comienza a reflejarse en las expectativas del sector, fortaleciendo el clima de confianza.
Resulta particularmente virtuoso que esta mejora en las perspectivas coincida con un año de buenos márgenes. En la medida en que los ingresos se consolidan y la confianza aumenta, se generan mayores incentivos para la capitalización en hacienda, dando inicio a la tan esperada —y largamente postergada— fase de retención.
En los últimos años, el stock de vientres disponibles para reproducción se redujo de manera significativa, con una pérdida cercana al millón de cabezas en apenas dos años. Si bien la eficiencia reproductiva mostró una leve mejora, el número total de nacimientos continúa condicionado por el tamaño del rodeo, que se mantiene en poco más de 22 millones de vacas, según datos oficiales.
La mayor zafra de terneros de los últimos 15 años se registró en 2022, antes de la sequía, con 15,1 millones de cabezas. En la actualidad, la producción ronda los 14,6 millones, es decir, unos 500 mil terneros menos.
Este menor volumen inicial limita la reposición a lo largo de toda la cadena de engorde y termina impactando en la oferta de animales terminados para la industria, con efectos directos sobre la disponibilidad de carne tanto para el mercado interno como para la exportación.

La restricción de la oferta se combina con un mercado internacional altamente demandante, con precios históricamente elevados. En este contexto, el sector exportador debió trasladar gran parte de esa mejora al productor para asegurar el abastecimiento necesario y sostener la actividad.
Sin embargo, hacia el cierre del año, varias plantas frigoríficas —especialmente las orientadas a la exportación— optaron por reducir su nivel de faena y adelantar paradas anuales, con el objetivo de mitigar los quebrantos acumulados.
De cara a 2026, el desafío para la industria será aún mayor. Si se consolida la fase de retención, el aprovisionamiento de hacienda se volverá más ajustado, lo que obligará a maximizar la eficiencia operativa en todos los frentes, desde la compra de animales hasta la definición de los destinos comerciales.
En síntesis, 2025 cierra como un muy buen año para el productor ganadero, aunque deja señales de alerta para otros eslabones de la cadena, en especial los vinculados a la transformación y comercialización del producto final. Si bien el ánimo general del sector es positivo, las decisiones de inversión más relevantes siguen a la espera de la consolidación de las reformas legislativas impulsadas por el Gobierno, que se perfilan como uno de los ejes centrales del próximo año legislativo.
Fuente: Medios

