El 2025 cierra como un año récord para la ganadería argentina: los números de los productores

Precios históricos, márgenes positivos y mejores expectativas consolidaron un ciclo excepcional para los productores, aunque con tensiones crecientes para la industria frigorífica.

Llegó el 2026 y cabe hacer balances del pasado año. Al analizar el desempeño del sector de ganados y carnes durante los últimos doce meses, el resultado es contundente: el año fue ampliamente positivo para la ganadería, con el productor consolidado como uno de los grandes ganadores del ciclo.

Una combinación de factores explica este escenario excepcional para los eslabones primarios. Por un lado, condiciones climáticas que, en términos generales, favorecieron la producción a campo. Por otro, un contexto macroeconómico más estable, que comienza a generar incentivos para la planificación de largo plazo. A ello se sumó un mercado con valores históricos para la mayoría de las categorías de hacienda, lo que permitió recuperar rentabilidad en un entorno que sigue siendo exigente en materia de costos.

Además, en los últimos doce meses (medidos a noviembre) todas las categorías mostraron incrementos que superaron ampliamente a la inflación. Mientras el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró una suba interanual del 22,5%, la hacienda exhibió aumentos de entre 60% y más del 90% en el caso de los novillos.

Estos datos fueron confirmados por el último informe económico ganadero elaborado por la SAGPYA, que reflejó mejoras en todos los eslabones de la cadena productiva, desde la cría hasta la invernada y el engorde. Los márgenes brutos superaron a los del año pasado y, en segmentos como la cría y el ciclo completo, alcanzaron niveles un 54% superiores al promedio de la serie iniciada en 2011, un comportamiento poco frecuente dentro de un mismo ciclo ganadero.

Resulta particularmente virtuoso que esta mejora en las perspectivas coincida con un año de buenos márgenes. En la medida en que los ingresos se consolidan y la confianza aumenta, se generan mayores incentivos para la capitalización en hacienda, dando inicio a la tan esperada —y largamente postergada— fase de retención.

En los últimos años, el stock de vientres disponibles para reproducción se redujo de manera significativa, con una pérdida cercana al millón de cabezas en apenas dos años. Si bien la eficiencia reproductiva mostró una leve mejora, el número total de nacimientos continúa condicionado por el tamaño del rodeo, que se mantiene en poco más de 22 millones de vacas, según datos oficiales.

Este menor volumen inicial limita la reposición a lo largo de toda la cadena de engorde y termina impactando en la oferta de animales terminados para la industria, con efectos directos sobre la disponibilidad de carne tanto para el mercado interno como para la exportación.

La restricción de la oferta se combina con un mercado internacional altamente demandante, con precios históricamente elevados. En este contexto, el sector exportador debió trasladar gran parte de esa mejora al productor para asegurar el abastecimiento necesario y sostener la actividad.

De cara a 2026, el desafío para la industria será aún mayor. Si se consolida la fase de retención, el aprovisionamiento de hacienda se volverá más ajustado, lo que obligará a maximizar la eficiencia operativa en todos los frentes, desde la compra de animales hasta la definición de los destinos comerciales.

En síntesis, 2025 cierra como un muy buen año para el productor ganadero, aunque deja señales de alerta para otros eslabones de la cadena, en especial los vinculados a la transformación y comercialización del producto final. Si bien el ánimo general del sector es positivo, las decisiones de inversión más relevantes siguen a la espera de la consolidación de las reformas legislativas impulsadas por el Gobierno, que se perfilan como uno de los ejes centrales del próximo año legislativo.

Fuente: Medios

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