El consumo masivo en la Argentina muestra señales de leve recuperación en el inicio de 2026, pero con un cambio marcado en los hábitos de compra. Tras caer 3,7% interanual en 2025 y acumular cinco meses consecutivos de retroceso, los primeros datos del año registran una suba del 1%, en un contexto donde los ingresos siguen ajustados y la inflación continúa condicionando las decisiones.
Distintos relevamientos privados coinciden en que el cambio no pasa solo por cuánto se consume, sino por cómo se consume. Las compras son más pequeñas, menos frecuentes y más planificadas, con un consumidor que prioriza lo esencial y administra con mayor precisión su presupuesto.
Este comportamiento se refleja en una caída de la frecuencia de compra del 8,2% y una baja del volumen del 4,7% hacia fines de 2025. En lugar de abandonar categorías, los hogares ajustan la forma en que compran: reducen cantidades y espacian las visitas a los puntos de venta.
En este escenario, los productos básicos como alimentos secos, lácteos y congelados muestran mayor estabilidad, mientras que otros rubros pierden peso dentro del gasto total. La lógica también se replica en el comercio digital, donde crecen las órdenes, pero con tickets más bajos y compras más puntuales.
El cambio de hábitos impacta además en los canales de venta. Los formatos de cercanía ganan participación, impulsados por compras más frecuentes y de menor volumen. Autoservicios y almacenes crecieron en el último tramo de 2025, mientras que las grandes cadenas de supermercados registraron caídas.
En paralelo, el comercio electrónico continúa en expansión. Durante 2025 sumó nuevos compradores y mantuvo un fuerte crecimiento, tendencia que se sostiene en 2026. Sin embargo, el consumidor digital también se volvió más exigente: compara precios, analiza promociones, evalúa costos de envío y prioriza la conveniencia antes de decidir.

Otro rasgo que se consolida es la fragmentación del consumo. Los hogares de menores ingresos son los más afectados por el ajuste, mientras que los sectores de mayor poder adquisitivo logran sostener mejor sus niveles de compra. Esto se traduce en una polarización del mercado, donde crecen tanto las opciones económicas como los productos premium, mientras las marcas intermedias pierden terreno.
Así, el consumo deja de caer, pero no vuelve a su forma anterior. La combinación de inflación, ingresos limitados e incertidumbre impulsa un cambio estructural: se compra menos por vez, se planifica más y se eligen canales que permitan un mayor control del gasto. La recuperación, en este contexto, aparece de manera gradual y desigual.
Fuente: Medios

