Una insólita situación se volvió viral en un grupo de compra y venta de la ciudad de Allen, cuando un hombre ofreció a la venta un colchón de dos plazas y un consolador asegurando que ambos objetos los había encontrado en un contenedor de basura del barrio Santa Catalina.
El episodio comenzó cuando el hombre publicó en un grupo de WhatsApp del barrio que tenía esos artículos disponibles para vender. En el mensaje explicó que los había rescatado de los contenedores de la zona, algo que en un principio no generó demasiado revuelo entre los integrantes del chat.
De hecho, varios interpretaron la publicación como otro caso del habitual “reciclaje urbano”, práctica en la que algunos vecinos recuperan objetos descartados para luego revenderlos.
Sin embargo, la situación dio un giro inesperado cuando una mujer apareció en la conversación y aseguró reconocer uno de los objetos ofrecidos. Según las capturas del chat que luego se viralizaron en redes sociales, la mujer aclaró que el colchón efectivamente había sido arrojado a la basura. Pero el otro elemento no.
La mujer explicó que el consolador no había salido de ningún contenedor, sino que estaba en su casa y que alguien lo había sacado directamente de su mesita de luz.

A partir de ese momento, el grupo de WhatsApp estalló entre bromas, comentarios irónicos y reacciones de incredulidad. En medio de la conversación, uno de los participantes lanzó una frase que desató aún más risas virtuales: “O sea… te robó tu marido”.
Lejos de calmarse, el intercambio siguió escalando con mensajes que reflejaban tanto sorpresa como humor ante la situación. En uno de los comentarios finales, un participante intentó cerrar el episodio con ironía: “Los dos son adictos, hablen entre ustedes… pero él lo tiene”.
Con el correr de las horas, la conversación terminó saliendo del grupo y comenzó a circular por distintas redes sociales, donde se convirtió en una de esas historias de barrio tan insólitas como difíciles de creer.
Y si algo dejó esta anécdota como moraleja —entre risas y desconcierto— es que antes de vender algo “encontrado”, conviene asegurarse de un detalle fundamental: que realmente haya salido de la basura y no de la mesa de luz de la propia casa.
Fuente: Medios







