Nuevas tecnologías y conocimiento global potencian Vaca Muerta

Técnicas aplicadas en EE.UU. y el intercambio entre operadores locales e internacionales aceleran la curva de aprendizaje y eficiencia.

El crecimiento de Vaca Muerta entra en una nueva etapa: los desafíos ya no se limitan a aumentar la actividad o atraer inversiones, sino que ahora pasan por entender mejor el subsuelo. La eficiencia de los proyectos depende cada vez más de variables técnicas que antes tenían menor visibilidad, pero que hoy son críticas para la rentabilidad.

Según Ernesto Díaz, vicepresidente de Rystad Energy, el principal reto actual no es expandir la superficie desarrollada, sino comprender cómo responde la roca frente a estrategias de desarrollo intensivo.

Con el avance del desarrollo, emerge un problema clave: la interferencia entre pozos. A medida que aumenta la densidad de perforación, los pozos interactúan entre sí, lo que puede afectar la producción total si no se maneja adecuadamente.

“El principal desafío que tienen hoy los operadores es entender cómo funciona la roca. Hay temas como el distanciamiento de pozos, la interferencia entre ellos y el efecto parent-child, que son súper complejos y pueden generar pérdidas importantes si no se manejan bien”, explicó Díaz.

Este enfoque marca un cambio en la dinámica del shale argentino: la expansión ya no depende solo del ritmo de perforación, sino de optimizar cada intervención según las características del reservorio.

El aprendizaje de Vaca Muerta

El efecto parent-child es otro desafío técnico creciente. Ocurre cuando un pozo nuevo se desarrolla cerca de uno ya existente, alterando las condiciones de presión y afectando el rendimiento.

A diferencia de otras variables previsibles, este fenómeno requiere análisis detallado y monitoreo constante. La experiencia de otras cuencas, como las de Estados Unidos, se está adaptando al desarrollo local, con soluciones personalizadas según cada bloque.

“Algunos operadores están probando cambios en la orientación de los pozos, aplicando técnicas de Estados Unidos, y obtuvieron muy buenos resultados. Pero cada área es distinta y todo depende de cómo responde la roca en cada bloque”, afirmó Díaz.

Este proceso de prueba y ajuste constante define el ritmo de aprendizaje de la industria: las decisiones ya no se basan solo en modelos teóricos, sino en la experiencia construida pozo a pozo.

Una formación heterogénea que redefine la estrategia

Vaca Muerta no es homogénea. Las diferencias geológicas entre áreas obligan a diseñar estrategias específicas para cada bloque, complejizando el desarrollo y aumentando la relevancia del conocimiento técnico.

Esta heterogeneidad genera resultados dispares, donde un mismo operador puede obtener desempeños muy distintos en su propio portafolio. La adaptación se convierte en una ventaja competitiva clave.

“Cada operador diseña su plan de desarrollo según las características de su bloque, la infraestructura disponible y la cadena de valor. Todo se ajusta con el tiempo porque siempre surgen situaciones inesperadas”, explicó Díaz.

En síntesis, no existen recetas únicas: cada proyecto implica un aprendizaje continuo que combina geología, ingeniería y gestión operativa.

Además, la incorporación de nuevas tecnologías y el intercambio de conocimiento entre compañías están acelerando la curva de aprendizaje y mejorando la eficiencia en un entorno cada vez más competitivo.

Fuente: Medios.

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