Tras la jura de Diego Santilli como jefe de Gabinete, el Gobierno empieza a reordenar los ejes de su estrategia política y electoral de cara a 2027. En la Casa Rosada reconocen que su llegada implica una etapa más pragmática, menos disruptiva y con mayor dependencia de acuerdos políticos en el Congreso y con los gobernadores.
En ese esquema, Karina Milei concentrará los armados nacionales y provinciales, mientras que Santiago Caputo asesorará al Presidente sin intervenir directamente en el diseño territorial. La estrategia se centra ahora en resultados económicos, seguridad, reformas legislativas y gobernabilidad.

En distintos sectores del Ejecutivo sostienen que el recambio marca un cambio de etapa. “El proyecto original ya murió”, afirman en Balcarce 50, donde admiten que el oficialismo deberá reordenar su discurso hacia la estabilidad macroeconómica y la gestión. La consigna interna es clara: “La única apuesta electoral son los resultados económicos”.
El giro implica dejar en segundo plano parte de la agenda más disruptiva con la que Javier Milei llegó al poder, como iniciativas vinculadas a la “batalla contra la casta”. En cambio, el foco se desplaza hacia el equilibrio fiscal, la baja de la inflación, la seguridad y la aprobación de reformas estructurales.

En el Gobierno incluso reconocen que el esquema se asemeja a una lógica más tradicional de administración. “Como el macrismo”, deslizan en un sector oficial, aunque sin referencias directas a Mauricio Macri, con quien el Presidente mantiene diferencias abiertas. La idea es llegar a 2027 con un mensaje menos fundacional y más orientado a la continuidad de resultados.

Dentro del oficialismo también proyectan una eventual segunda etapa de gobierno más expansiva. Si se consolidan la baja de la inflación y el orden fiscal, la estrategia electoral podría pasar de la austeridad a un discurso de crecimiento, inversión, crédito y reducción de impuestos.
La presencia de gobernadores y dirigentes del PRO en la jura de Santilli fue leída como parte de esa nueva etapa de acuerdos. En el acto también estuvieron Karina Milei, Santiago Caputo, Eduardo “Lule” Menem, Martín Menem y Manuel Adorni, en una foto que buscó mostrar cohesión interna y apertura hacia aliados.

En paralelo, en la Casa Rosada admiten que la falta de figuras propias aceleró el reordenamiento. La salida de referentes como José Luis Espert y Manuel Adorni obligó a redefinir el esquema de vocerías y construcción política. En ese contexto, Santilli aparece como una figura clave para recomponer vínculos legislativos y provinciales.

El cambio también impacta en la estrategia en la Ciudad de Buenos Aires. En el Gobierno ya no descartan abrir negociaciones con actores como Patricia Bullrich, que ganó centralidad en el Congreso y fortaleció su poder de negociación dentro del esquema oficialista.
En esa línea se inscribe también el rol del nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, a quien en el Ejecutivo le pidieron concentrarse en el plano económico. Su primera conferencia fue leída como un intento de ordenar el mensaje oficial con un perfil más técnico y menos confrontativo.

El balance interno fue positivo. “Aprobado”, señalaron en la Casa Rosada, donde remarcan que el objetivo es modificar el tono comunicacional y sostener una narrativa centrada en datos económicos y gestión.
En adelante, la prioridad del Gobierno será la sanción de reformas en el Congreso y la reconstrucción del vínculo con gobernadores y aliados. Santilli asumió con ese mandato: ordenar la agenda parlamentaria y garantizar acuerdos para avanzar con proyectos clave antes de marzo.

En el menú legislativo aparecen la reforma electoral, el Súper RIGI, propiedad privada, pliegos judiciales y otras iniciativas desregulatorias. A la vez, el Gobierno busca consolidar acuerdos políticos en provincias, incluso con gobernadores con los que compite electoralmente, pero sin romper canales de gobernabilidad.
Ese esquema de competencia controlada ya estaba en desarrollo antes de la salida de Adorni. La llegada de Santilli busca darle mayor volumen político y orden a esas negociaciones, bajo una lógica de acuerdos parciales según cada distrito.

El rediseño también incluye una división más clara de funciones internas. Karina Milei mantendrá el control de los armados, Santiago Caputo se enfocará en la estrategia general y el diseño comunicacional, y Santilli será el articulador político con provincias y Congreso.

En paralelo, el oficialismo busca evitar nuevas fracturas internas y ordenar el uso del Estado como herramienta de gestión y campaña. En ese marco, conviven distintas terminales de poder que disputan influencia, aunque con un objetivo común: llegar a 2027 con un esquema de gobernabilidad más estable.
Fuente: Medios






