Durante la jornada declararon tres testigos propuestos por la acusación: Lorena Barabini, secretaria de Mujeres y Diversidad de Neuquén; una testigo cuya identidad permanece reservada; y Julia Villalba, licenciada en criminalística del Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial.
Vulnerabilidad y trabajo sexual
La primera en declarar fue Lorena Barabini, trabajadora social y titular de la Secretaría de Mujeres y Diversidad del Gobierno provincial. Ante el jurado popular explicó el funcionamiento del Complejo Costa Limay, un espacio compuesto por 12 departamentos destinado a brindar alojamiento y condiciones de habitabilidad a mujeres trans que atraviesan situaciones de alta vulnerabilidad.
La funcionaria también describió las dificultades que enfrenta este colectivo para acceder al empleo formal y al sistema de salud. En ese contexto, se refirió a la situación de quienes recurren al trabajo sexual como principal alternativa de subsistencia y advirtió sobre una “naturalización de la violencia” alrededor de esa actividad.
Barabini también señaló que existe temor entre algunas mujeres trans para declarar en el marco de la causa, debido a que varias continúan ejerciendo el trabajo sexual en la ciudad.
Ante las preguntas del fiscal jefe Agustín García, la funcionaria mencionó además que en el Complejo Costa Limay circulaban comentarios que vinculaban a Roberto Daniel Sánchez con el entorno de las mujeres trans y lo señalaban como una persona “conocida”.
Después fue convocada una testigo de identidad reservada. Por disposición judicial, sus datos personales permanecieron bajo estricta confidencialidad.
La evidencia encontrada en la vivienda de Sánchez
El testimonio que concentró buena parte de la audiencia fue el de Julia Villalba, integrante del Cuerpo Médico Forense, quien presentó ante el tribunal los resultados del relevamiento realizado en el inmueble de Sánchez, ubicado en calle Copahue al 1100.
La especialista explicó que durante el procedimiento se tomaron y analizaron 1.145 imágenes que fueron incorporadas al expediente. También describió la distribución de la propiedad, que cuenta con dos plantas: en la planta baja funcionaba la gomería del acusado y en el nivel superior estaba ubicada su vivienda.
Entre los elementos encontrados en la gomería y el patio había neumáticos descartados, una caja con fundas de almohada con manchas de sangre, alambre grueso para atar y un pantalón con rastros hemáticos que posteriormente fue sometido a análisis.
Los peritos también detectaron proyecciones de sangre sobre un televisor, compatibles con una lesión sufrida por una persona que se encontraba de pie. Además, se encontraron manchas hemáticas sobre una estructura de fibra de vidrio ubicada en la escalera que conecta las dos plantas.
En el sector superior de la vivienda se secuestró una navaja tipo sevillana de 19 centímetros y un machete con una hoja de 52 centímetros. La perito indicó que este último presentaba una gota de sangre en la punta.

Otro de los sectores relevados fue identificado como “Sector F” y correspondía a la habitación del imputado. Allí se encontraron prendas íntimas, teléfonos celulares, bisutería femenina y sábanas.
Villalba también informó que se detectaron indicios de sangre que había sido lavada sobre muebles, colchones y un espejo. En el baño, además, las muestras obtenidas en la ducha y la pileta dieron resultado positivo para sangre humana.
La conclusión de la perito
El testimonio de Villalba terminó con una de las afirmaciones más contundentes de la jornada. Ante una pregunta del fiscal García sobre si los elementos encontrados permitían establecer que en la vivienda había ocurrido un homicidio, la especialista respondió de manera categórica. “En este lugar se cometió un crimen en la habitación”, afirmó la perito ante el jurado popular.
Los nuevos testimonios y la evidencia presentada forman parte de la prueba que la acusación busca incorporar durante el debate para sostener su hipótesis sobre el transfemicidio de Azul Semeñenko.
Fuente: Medios















