Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo y también en Argentina, donde durante 2024 provocaron 105.130 fallecimientos y representaron el 30,3% de las muertes por causas definidas. Ante este escenario, especialistas remarcan que una parte importante de los eventos cardiovasculares puede prevenirse mediante el control de los factores de riesgo y la incorporación de hábitos saludables.
Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón, una fecha destinada a generar conciencia sobre la importancia de prevenir las enfermedades cardiovasculares. Desde el servicio de Cardiología del Hospital Británico ponen el foco en que la prevención comienza mucho antes de que aparezcan los síntomas y no depende únicamente de los controles médicos.
Controlar la presión arterial, el colesterol y la glucemia es fundamental, pero la salud cardiovascular también está relacionada con otros aspectos de la vida cotidiana: cuánto nos movemos, qué comemos, cómo dormimos, cómo manejamos el estrés y si fumamos.

La actividad física regular es una de las principales herramientas para proteger el corazón. Las recomendaciones generales apuntan a realizar al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana.
Caminar, utilizar las escaleras y realizar pausas activas durante la jornada también permiten reducir el tiempo sentado y sumar movimiento.
“No necesitamos convertirnos en atletas para cuidar nuestro corazón. Movernos más, permanecer menos tiempo sentados y encontrar una actividad que disfrutemos puede ser mucho más efectivo que proponernos rutinas imposibles de sostener. La clave es la constancia”, explicó el Dr. Miguel J. Schiavone (M.N. 122.283), cardiólogo y jefe de la Unidad de Hipertensión Arterial, Cardiometabolismo y Dislipemia del Hospital Británico.

Una alimentación saludable para el corazón no depende de un alimento aislado, sino del patrón alimentario en su conjunto. Los especialistas recomiendan priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas y fuentes saludables de proteínas y grasas.
A la vez, aconsejan limitar el exceso de sodio, azúcares agregados y alimentos ultraprocesados. El objetivo es construir una alimentación equilibrada que pueda mantenerse en el tiempo, en lugar de seguir dietas restrictivas durante períodos breves.
El descanso también forma parte de la prevención cardiovascular. En adultos, la recomendación general es dormir entre 7 y 9 horas por noche. La falta de sueño o el descanso de mala calidad de manera persistente se relacionan con alteraciones metabólicas y un peor control de distintos factores de riesgo.

El estrés crónico también puede influir sobre la salud cardiovascular y favorecer conductas como dormir peor, abandonar la actividad física, alimentarse de manera inadecuada o incrementar el consumo de tabaco o alcohol.
“Hoy entendemos la prevención cardiovascular de una manera mucho más integral. Moverse, alimentarse bien, dormir adecuadamente, manejar el estrés y no fumar son verdaderas herramientas para cuidar el corazón”, señaló la Dra. Mariana Orozco Tapia (M.N. 176.080), médica cardióloga.

Abandonar el consumo de tabaco es una de las medidas con mayor impacto para reducir el riesgo cardiovascular. Los beneficios de dejar de fumar aparecen independientemente de la edad y del tiempo durante el cual una persona haya fumado. También es importante evitar la exposición al humo de segunda mano y el consumo de otros productos de tabaco y nicotina.
Los hábitos saludables no reemplazan los controles médicos. La hipertensión, el colesterol elevado y la diabetes pueden permanecer durante años sin generar síntomas, por lo que conocer la presión arterial, controlar los niveles de colesterol y glucemia y considerar los antecedentes personales y familiares permite detectar factores de riesgo de manera temprana.
El cardiólogo Marcelo Halac, secretario académico de la Carrera de Especialización en Cirugía Cardiovascular de la Universidad Hospital Italiano, destacó que no existe un único hábito capaz de prevenir las enfermedades cardiovasculares, sino un conjunto de decisiones sostenidas en el tiempo.
En ese sentido, señaló que es posible aumentar el movimiento diario incluso sin realizar deporte formal. Citó una publicación de The Lancet Public Health, según la cual alcanzar los 7.000 pasos diarios, frente a los 2.000, se asoció con un 25% menos de incidencia de enfermedad cardiovascular y un 47% menos de mortalidad cardiovascular.
El descanso también aparece como un factor relevante. Un estudio realizado sobre más de 72.000 adultos encontró una asociación entre la irregularidad en los horarios de sueño y un 26% más de riesgo de infarto, accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca.

En cuanto a la alimentación, un metaanálisis publicado en 2026 sobre personas con enfermedad cardiovascular encontró que una mayor adherencia a la dieta mediterránea se asoció con un 40% menos de eventos cardiovasculares recurrentes y un 26% menos de mortalidad total.
Este patrón alimentario prioriza frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva, mientras que recomienda reducir el consumo de ultraprocesados y carnes procesadas.
El estrés sostenido también puede afectar la salud cardiovascular debido a sus efectos sobre el sueño, la presión arterial y los hábitos cotidianos. Halac recomendó generar espacios de recuperación mediante actividad física, vínculos sociales, pausas durante la jornada y momentos sin trabajo ni pantallas.

Caminar más durante el día, interrumpir el tiempo sentado cada 30 a 60 minutos, realizar actividad física regularmente, mantener una alimentación equilibrada, dormir con horarios regulares y controlar la presión arterial, el colesterol y la glucemia son algunas de las medidas que pueden contribuir a reducir el riesgo cardiovascular.
La prevención también incluye reservar momentos para reducir el estrés y sostener hábitos saludables a largo plazo. No se trata de incorporar cambios extremos de un día para otro, sino de construir pequeñas decisiones cotidianas que puedan mantenerse en el tiempo.
Fuente: Medios















