En mayo de 1997, Diego Maradona llegó a Villa La Angostura en busca de tranquilidad y preparación física para su regreso al fútbol argentino en Boca Juniors. Durante dos semanas entrenó junto al lago Nahuel Huapi, jugó partidos con futbolistas locales y dejó historias que todavía se recuerdan con emoción. En el día que cumpliría 66 años, Mejor Informado conversó con vecinos que compartieron aquellos días y reconstruyen momentos únicos junto al 10.
El refugio patagónico que buscó Maradona
Lejos del ruido de las grandes ciudades y de la exposición constante que lo acompañó durante toda su carrera, Maradona encontró en Villa La Angostura un lugar para concentrarse en uno de los desafíos más importantes de su vida deportiva: volver a jugar al fútbol en plenitud.
Había llegado por recomendación de su amigo Carlos Randazzo, ex futbolista que residía en la localidad y que le había hablado de la paz del destino cordillerano. Se alojó junto a su preparador físico Fernando Signorini en Bahía Manzano y realizó entrenamientos diarios en Cumelén Country Club, acompañado por un equipo de especialistas y colaboradores locales.
Además de la exigente puesta a punto física, también estaban previstos algunos partidos informales con jugadores locales para que pudiera recuperar sensaciones con la pelota. Durante aquellas jornadas, la presencia del Diez revolucionó a un pueblo mucho más pequeño y tranquilo que el actual. Cada aparición pública generaba expectativa y se convertía rápidamente en tema de conversación.
Una tarde de compras que paralizó la avenida Arrayanes
Uno de los vecinos que todavía conserva un recuerdo imborrable de aquellos días es Jorge “Filu” Arakelian, por entonces propietario de un local de artículos deportivos sobre la avenida Arrayanes. Todo comenzó con un llamado inesperado desde el hotel donde se hospedaba Maradona. “Me avisaron que Diego quería comprar cosas para sobrinos, amigos y familiares. Yo pensé que iba a venir alguien de la comitiva, algún encargado. Jamás imaginé que iba a aparecer él”, recuerda.
Pero cerca de las cinco de la tarde ocurrió lo impensado: Maradona cruzó la puerta del negocio y en cuestión de minutos la noticia se propagó por el pueblo. “Fue un escándalo. Se llenó de gente afuera, vino la policía y hasta tuvieron que cortar la calle para controlar el movimiento que se había generado”, cuenta.
Más allá de la conmoción, lo que más le llamó la atención fue la actitud del ex capitán de la Selección Argentina. “Lo vi como preocupado por todo lo que provocaba. Estaba pendiente de la puerta, mirando lo que pasaba afuera. Incluso diría que estaba como asustado por semejante revuelo”. Durante más de una hora eligió camisetas de Boca y pelotas de fútbol para repartir entre familiares y amigos. La compra terminó siendo tan grande que prácticamente agotó el stock disponible.

Cerca de las cinco de la tarde ocurrió lo impensado: Maradona cruzó la puerta del negocio y en cuestión de minutos la noticia se propagó por el pueblo. “Fue un escándalo. Se llenó de gente afuera, vino la policía y hasta tuvieron que cortar la calle para controlar el movimiento que se había generado”, cuenta Jorge “Filu” Arakelian.
Con el correr de la charla, la tensión inicial fue desapareciendo. Filu aprovechó para contarle una anécdota familiar vinculada a Doña Tota, la madre de Diego, quien años atrás había sido clienta del negocio que su familia tenía en Buenos Aires. “Se acordaba perfectamente del local y de esas compras. Ahí se relajó mucho más y empezamos a conversar de otras cosas”, relata.
Antes de despedirse, se animó a pedirle algo que llevaba tiempo soñando: que le firmara una camiseta de Boca de las últimas que había usado, a lo que Maradona respondió: “Sí, Jorge, cómo no”. Y se la firmó. Casi tres décadas después, esa camiseta sigue ocupando un lugar privilegiado entre sus recuerdos. “He conocido artistas, músicos y mucha gente famosa. Pero con Dios nunca me había cruzado. Esa camiseta la voy a guardar siempre”.
“Grande, pibe”: el día que un chico del pueblo jugó con el Diego
Si para Filu la visita quedó grabada en una firma, para Juan José Barrios Requena el recuerdo tiene forma de partido de fútbol. “El Negrito”, como todos los conocen en Villa La Angostura, tenía apenas unos años cuando su padre llegó a casa con una noticia difícil de creer. “Agarrá los botines que nos vamos a jugar un partido con el Diego”, le dijo.
En ese momento pensó que era una broma. “Todos sabíamos que Maradona estaba en el pueblo, pero era muy difícil llegar hasta él. Mucho más jugar un partido a su lado”.
Sin embargo, poco después estaba en la cancha rodeado de vecinos y futbolistas locales convocados para los entrenamientos. Entre ellos había jugadores experimentados de Villa La Angostura y algunos jóvenes que soñaban con compartir unos minutos junto al mejor futbolista argentino de todos los tiempos.
Antes del inicio recibieron una consigna clara. “Nos pidieron que fuéramos respetuosos, que nadie se excediera en las jugadas para evitar cualquier golpe y que lo tomáramos como un entrenamiento”.
Desde el banco observó jugadas que todavía recuerda con precisión. “Paraba la pelota con el pecho, hacía controles increíbles, gambeteaba y metía goles al ángulo. Era impresionante verlo de cerca”, hasta que llegó el momento más esperado: “Me dijeron que iba a entrar. Me temblaban las piernas”.
Ya dentro de la cancha, una jugada terminó transformándose en un recuerdo para toda la vida. “Hubo un despeje y la pelota me quedó a mí. Estaba por reventarla cuando escuché que me gritó: ‘¡Pibe, hey, pibe, pasame la pelota!’”. La respuesta era obvia: se la pasó enseguida y cuando el Diez la recibió lo miró y le dijo: ‘Grande, pibe’. La frase apenas duró un instante, pero quedó guardada para siempre.
Un recuerdo que sigue vivo
A 66 años de su nacimiento, aquellas historias vuelven a aparecer en la memoria colectiva de Villa La Angostura, recordando que durante un otoño de 1997 el pueblo tuvo entre sus vecinos, aunque fuera por un breve tiempo, a Diego Armando Maradona.
Fuente Medios



