La tragedia que golpeó el norte de Nepal y el Tíbet volvió a poner en escena un fenómeno poco conocido fuera de las regiones de alta montaña: los GLOF, sigla en inglés de Glacial Lake Outburst Flood, que puede traducirse como inundación por desborde de un lago glaciar.
Sin embargo, en este caso los expertos analizan una particularidad: no está confirmado que haya intervenido un lago glaciar, sino que el desastre habría comenzado con el colapso de un enorme bloque de hielo y roca que se desprendió en la montaña y generó un gigantesco flujo de escombros.
El episodio ocurrió el 26 de agosto de 2026 y provocó una crecida repentina que arrasó comunidades, rutas y puentes a ambos lados de la frontera entre Nepal y China.
El último balance disponible señala 359 muertos en Nepal y tres en el Tíbet, mientras que 910 personas continúan desaparecidas en Nepal y otras 558 en la región tibetana de Gyirong. En conjunto, son 362 fallecidos y 1.468 desaparecidos. Las cifras pueden seguir cambiando debido a que las tareas de búsqueda continúan y existen diferencias entre los registros de las distintas autoridades.
¿Qué es un GLOF?
La sigla GLOF corresponde a Glacial Lake Outburst Flood. Se trata de una inundación súbita provocada por el desborde o colapso de un lago formado por agua de deshielo glaciar.
Estos lagos pueden quedar contenidos detrás de paredes naturales de hielo, rocas y sedimentos. Si esa barrera se rompe, una enorme cantidad de agua puede liberarse de manera repentina y desplazarse a gran velocidad por los valles.
El resultado puede ser parecido a un “tsunami desde el cielo”: una masa de agua, hielo, barro y rocas que avanza aguas abajo y destruye todo a su paso.
Los especialistas advierten que este tipo de fenómenos representa un riesgo creciente en zonas del Himalaya, donde el retroceso de los glaciares y el aumento de las temperaturas están modificando las condiciones de las montañas.

Pero en Nepal el fenómeno fue aún más complejo
En el desastre ocurrido esta semana, los científicos no coinciden plenamente en que haya existido un GLOF en el sentido clásico.
Según las investigaciones preliminares, un enorme bloque de glaciar se desprendió a unos 5.200 metros de altura y cayó por la montaña. Durante el descenso incorporó hielo, roca y sedimentos hasta transformarse en un flujo de escombros de enorme poder destructivo.
El científico Simon Cox, de GNS Science de Nueva Zelanda, explicó que la masa terminó funcionando como una especie de pistón que empujó el agua del río y aumentó todavía más el volumen y la velocidad del flujo.
Otros expertos estimaron que el material llegó a desplazarse a alrededor de 50 metros por segundo, unos 180 kilómetros por hora, y recorrió más de 20 kilómetros.
Por eso, aunque el episodio suele describirse como un GLOF, algunos especialistas consideran más preciso hablar de un colapso glaciar seguido de un flujo de detritos e inundación repentina.
El fenómeno sísmico que inicialmente confundió a los especialistas
El desprendimiento fue tan violento que generó energía sísmica suficiente para ser registrado por los instrumentos como un movimiento de magnitud 5,2.
En un primer momento se creyó que podía tratarse de un terremoto de magnitud 4,4. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) determinó posteriormente que no había ocurrido un sismo convencional.
El movimiento registrado correspondía a la energía liberada por el colapso del hielo y la roca, seguido por el enorme flujo de escombros.
¿Cómo se convirtió en una corriente tan destructiva?
Los expertos reconstruyen una secuencia que comenzó a miles de metros de altura. Primero se desprendió una enorme masa de hielo. Luego, durante su descenso, fue incorporando rocas, sedimentos y material de la montaña. Al alcanzar los cursos de agua, la mezcla se convirtió en una corriente hiperconcentrada capaz de desplazarse a enorme velocidad.
La fuerza fue suficiente para destruir viviendas, puentes, rutas y otras infraestructuras y para arrastrar personas, vehículos y grandes cantidades de sedimentos.
Las imágenes de las cámaras de seguridad muestran cómo el flujo cubrió en cuestión de segundos sectores enteros próximos al paso fronterizo de Gyirong.
Una nueva amenaza: un lago que podría desbordarse
El peligro tampoco terminó con la primera inundación. Las autoridades detectaron que el río quedó bloqueado en un sector aguas arriba, lo que generó un nuevo lago. Para el jueves, ese espejo de agua tenía un volumen estimado de 2 millones de metros cúbicos y ya comenzaba a desbordarse.
Las autoridades chinas advirtieron que podrían ingresar otros 3 millones de metros cúbicos de agua durante los siguientes tres días, elevando el riesgo de que la barrera ceda y genere una nueva crecida. El pico del caudal estaba previsto para alrededor del 1° de septiembre.
Por ese motivo, se pidió a los pobladores y a los equipos de emergencia que se alejaran de las zonas bajas y de las márgenes de los ríos.
¿Por qué estos fenómenos preocupan cada vez más?
Los glaciares del Himalaya están experimentando un retroceso asociado al calentamiento global, lo que puede generar nuevas condiciones de inestabilidad en zonas de alta montaña.
Cuando desaparece parte del hielo y cambia la estructura de las laderas, pueden formarse lagos de deshielo, aumentar la presión sobre depósitos naturales o producirse desprendimientos de grandes masas de hielo y roca.
Los especialistas remarcan que no todos los eventos de este tipo pueden atribuirse directamente al cambio climático, pero el calentamiento está aumentando las condiciones de vulnerabilidad en regiones donde conviven glaciares, pendientes inestables y comunidades asentadas en los valles.
El desastre de Nepal y el Tíbet expuso, además, otra dificultad: las zonas de alta montaña son extremadamente complejas de monitorear, y una corriente de estas características puede avanzar tan rápido que deja muy poco tiempo para reaccionar.
El caso de Nepal muestra por qué los expertos consideran estos eventos especialmente peligrosos. Incluso cuando existen sistemas de alerta, la velocidad del flujo puede superar ampliamente la capacidad de evacuación y los daños en caminos y puentes pueden dejar comunidades aisladas.
Por ahora, las tareas de búsqueda continúan con helicópteros y equipos terrestres, mientras crece la preocupación por el nuevo lago formado aguas arriba. El balance de 362 muertos y 1.468 desaparecidos corresponde al último reporte disponible y podría aumentar a medida que los rescatistas logren acceder a las zonas más afectadas.
Fuente: Medios.













